Lo nuevo produce miedo. No nos vamos a engañar, el cambio entraña dudas e incertidumbre: ¿Sabré hacerlo?, ¿se me dará bien?, ¿podré dominarlo?, ¿sabré estar a la altura? Son preguntas que todos los docentes se hacen cuando introducen por primera vez alguna tecnología en el aula. Es una reacción natural e instintiva.

El hombre es un animal de costumbres fijas y, por supuesto, nadie nace enseñado. Eso los maestros lo saben bien. Los cambios cuestan y, en especial, cuando uno ha de atreverse a dar el primer paso: lanzarse a la piscina para introducir las TIC en clase por primera vez, por ejemplo. Dado este pequeño pasito, que a veces parece un abismo; ya todo viene rodado.

 

De igual modo, hay que tener muy claro por qué se hace y qué se espera conseguir al usar determinados softwares y hardwares en el aula. Ambas preguntas básicas invitan a la reflexión respecto a las propias expectativas para la implementación pero no son suficientes. Para lograr cosas grandes e interesantes hay que ir más allá, hay que arriesgar y formularse la pregunta “¿y por qué no?, ¿por qué no introducir las TIC en clase?” Solo así esa pequeña barrera de miedo que existe, cae.

Porque cualquier docente puede usar e implementar las TIC en su clase, y eso necesario tenerlo claro. No es cuestión de edad ni maña. Por supuesto, existen tecnologías complejas que requieren de una formación o capacitación tecnológica específica; pero no todas lo son, las hay diseñadas precisamente para actuar en la escuela. Así que la receta es fácil, solo son precisos tres ingredientes: actitud, formación e ilusión.
Así que, para aquellos que ya cuentan con la actitud y la ilusión para emprender el camino hacia la digitalización de las aulas, nunca está de más un poquito de formación para tener claros algunos puntos clave para la iniciación en las TIC. Son los siguientes.

  • Objetivos claros y medibles

Para escoger el uso de uno u otro producto educativo es primordial entender el contexto de la escuela y fijar metas realistas, que se puedan medir fácil tras la implementación: ¿cuánto ha mejorado el aprendizaje en matemáticas?, ¿cuánto ha aumentado el rendimiento en inglés?, ¿en qué porcentaje se ha reducido el abandono escolar en el centro?, etcétera. Probar es la manera más cómoda y fiable de valorar la eficacia de una herramienta tecnológica en clase.

 

  • Tecnología educativa específica para maestros y centros

La competencia digital es muy dispar entre los distintos miembros de equipos docentes. Por eso, hay que escoger siempre herramientas tecnológicas que hayan sido creadas para llevar a cabo funciones educativas. Por lo general, en el proceso de creación de estos softwares o hardwares para maestros y centros, han intervenido también profesionales de la educación. Así su usabilidad es muchísimo más alta que en las tecnologías no diseñadas para escuelas y hay que tener en cuenta que el tiempo en la escuela es muy valioso, los docentes han de aprovecharlo para preparar sus clases y crear materiales, no para aprender cómo usar una herramienta.

  • Información y formación al alcance de la mano

Durante el proceso de inmersión en cualquier herramienta tecnológica, siempre surgen dudas. De ahí que es recomendable que el producto contratado cuente con un servicio de atención y formación de los maestros que lo usarán. En consecuencia, se reduce de forma muy considerable el abandono en el uso del servicio y su implementación resulta más rentable para el centro.

Un buen ejemplo de tecnología educativa pensada por y para profesores es Snappet, que contempla estas tres recomendaciones en su producto. El software encarga el desarrollo de sus contenidos a docentes en activo y profesionales de la educación para garantizar la mejor calidad de los materiales y atender a las demandas del profesorado. Además, cuenta con el asesoramiento de profesionales de la educación que se aseguran de que la plataforma sea sencilla y funcional; y al mismo tiempo, que el aprendizaje de su uso resulte el más corto posible.

Más aún, la marca asesora al centro interesado en la implementación de su plataforma en la fijación de metas realistas y ajustadas al contexto escolar; de tal manera que los resultados obtenidos con la herramienta sean observables y medibles en un corto periodo de tiempo. El seguimiento es integral desde el principio, y el centro y profesores se sienten orientados y guiados desde el inicio. Así, la inmersión en lo nuevo, en esta herramienta tic, resulta un placer: ¡Dejarse llevar!

Rocío López Valdepeñas. Maestra de Educación primaria. Máster en Educación y TIC y Dirección de Comunicación. Especialista en innovación educativa y emprendimiento. @rlopezva